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Instrucciones: Observa la siguiente imagen con vocabulario vinculado con la vestimenta tradicional.


Fotografías e infografías por: Rosa María Esperanza Rojas Gómez
De acuerdo con Vázquez (2023), el uso de la vestimenta tradicional otomí (un una comunidad de Temoaya), depende de las actividades cotidianas, la edad, la situación económica y el sentir personal de cada mujer. Existen prendas de uso diario y aquellas reservadas para ocasiones especiales, estableciendo una clasificación simbólica entre ropa sencilla y desgastada frente a prendas nuevas o de gala. El uso cotidiano de la vestimenta se conserva principalmente entre mujeres mayores de 50 años, quienes la han portado desde la infancia como parte de su identidad cultural. En este contexto, se prioriza la funcionalidad: el chincuete y la faja son las prendas más persistentes, mientras que el saco y el rebozo suelen sustituirse por blusas comerciales, chales o suéteres debido a la comodidad, el clima o las exigencias del trabajo. La faja es especialmente valorada por su función simbólica y corporal, pues se considera que proporciona fuerza para realizar labores domésticas y agrícolas. Estas prácticas muestran adaptaciones sin abandono total de la tradición, incorporando nuevos colores y materiales. Así, la vestimenta tradicional se desplaza del ámbito diario al ritual y festivo, donde adquiere un carácter de elegancia, prestigio y reafirmación identitaria.